Escrito por Juan Carlos Mantero
Universidad Nacional de Mar del Plata.
e-mail del autor: jmantero@mdp.edu.ar
La presente contribución aspira a presentar una serie de reflexiones, producto de las actividades que confluyen en nuestro quehacer universitario: la investigación y la docencia, la transferencia y la consulto ría, en el ejercicio cotidiano de los modos del conocer: la teoría, la crítica y la práctica respecto del devenir de la actividad turística. (1)
Tales reflexiones se centran en la consideración de diferentes cuestiones relevantes de la problemática turística que pueden identificarse en la dialéctica que postulan ciertas nociones: consumo y usufructo, crecimiento y desarrollo, global y local, acción y responsabilidad.
El discurso persuasivo ya-crítico del aporte al crecimiento por parte de la actividad turística con prescindencia de sus implicancias respecto del desarrollo plausible de la comunidad, requiere una necesaria reflexión a propósito del turismo que se propicia, el desarrollo que se auspicia y la responsabilidad que se asume. A tal reflexión aspira a contribuir el breve ensayo que se presenta a consideración.
l. Turismo: consumo y usufructo
El devenir de la actividad turística ha implicado aproximaciones sucesivas tendientes a definir sus atributos y alcances que en la definición de la OMT se expresa una visión .genérica con pretensión universal:
el turismo
comprende las actividades que realizan las personas
durante sus viajes y estancias
en lugares distintos al de su entorno habitual,
por un período de tiempo consecutivo inferior a un año
con fines de ocio, por negocios y otros.
Tal definición pareciera agotarse en el desplazamiento espacial en una fracción de tiempo, reduciendo su alcance a las actividades
generadas por el flujo de las personas a diferentes lugares. La definición da cuenta de la actividad con prescindencia de la finalidad, de la función
con prescindencia del sentido, que en consideración de unos hace del turista un número (semejante al ticket de su traslado) y en consideración de otros hace del turismo el equivalente de un itinerario (semejante al trayecto de un misil).
A nuestro criterio y en función de una mejor comprensión de la actividad es menester asumirle como una práctica social signada por el tiempo libre que, en definición de Frederic Munné, permite dar cuenta del sentido:
el tiempo libre
es aquel modo de darse el tiempo personal
que es sentido como libre
al dedicarlo a actividades auto-condicionadas
de descanso, recreación y creación
para compensarse y, en último término,
afirmar la personalidad individual y socialmente.
En tal contexto es apropiado definir al turismo como oportunidad de uso y goce del tiempo libre que trasciende la operación de desplazarse y la excluyente consideración económica. En consecuencia optamos por definir la actividad turística en el tiempo libre:
desplazarse para descansar, recrearse y crearse:
el descanso: la oportunidad de la distensión,
la recreación: la ocasión del encuentro, el juego y la aventura,
la creación: el tiempo de hacerse a si mismo, haciendo sociedad
Al construirse en la actividad, se construye una práctica social, que más allá de lo efímero y de lo fugaz, conforma un tiempo social diferente: tiempo de usufructo, de uso y fruición, de descubrir, de conocer y de darse a conocer.
La definición planteada no excluye aquella noción de la OMT sino que le incluye y trasciende, al plantear que la actividad turística se inscribe en el ámbito social, sin perjuicio de su inscripción probable en el ámbito económico, ámbito que no agota su realización en términos de mercado, al reivindicar el incluyente valor de uso respecto del excluyente valor de cambio que se reconocen en la actividad.
La más plena comprensión de la actividad implica rescatar la persona que se oculta en el turista, trascender del consumidor al usuario, del mercado a la sociedad. El alcance de la definición se aprecia al advertir que la demanda no se agota en la oferta, sino que las necesidades y las aspiraciones de las personas realizables en tiempo libre exceden las demandas reconocidas y tipificadas, los ocio-tipos de consumidores, y los satisfactores y las actividades exceden las ofertas instituidas y tipificadas, los merco-tipos de productores.
Las aspiraciones y los usos de las personas en un continuo proceso de innovación en las prácticas sociales en tiempo libre, en la espontánea finalidad de generar una más plena satisfacción en el descanso, la recreación y la creación, irrumpen de un modo incesante en la sociedad, acreditando y propiciando la presencia de satisfactores originales e inéditos, gradualmente asumidos por el mercado a través de emprendedores sensibles e innovadores.
El proceso incesante de innovación social y de asimilación productiva puede apreciarse en la aventurf1 como aspiración y actividad de personas inquietas y creativas en uso y goce de su tiempo libre, generando una genuina práctica social que el mercado hace suyo a través de emprendedores, institucionalizando el producto turismo de aventura, articulación de recursos y servicios que procuran responder al ocio-tipo del turista de aventura con el merco-tipo de la oferta de aventura.
La dialéctica usufructo - consumo que subyace en la actividad turística nos permite reivindicar la primacía de la satisfacción de la persona en el uso del tiempo libre respecto de la prioritaria utilidad en la prestación del servicio que contribuye a su realización. En tal sentido, es menester apreciar la pluri - dimensionalidad de la actividad y la pluri utilidad aspirada por el turista en el uso y consumo de los servicios: funcional, significativa y vivencia!.
II. Devenir: crecimiento y desarrollo
El devenir de la actividad turística y las expectativas suscitadas en torno a las utilidades y los beneficios generados trona necesario referirse a un tema que le trasciende y obviamente le incluye y que radica en la problemática definida por las nociones de crecimiento y desarrollo.
Constituido en slogan y en ideología la concepción del progreso indefinido del siglo XIX y del crecimiento sostenido en el siglo XX, sustentadas y acreditadas en el continuo incremento de los bienes y servicios y incesante aumento del volumen de negocios, producto de las mutaciones producidas en la tecnología y en la economía, encubren la incierta contribución de bienes y servicios producidos, apreciados e imputados respecto del ser humano y del ser social, y la inequitativa distribución de las utilidades y los beneficios generados, incluso internalizando sus beneficios en la empresa y externalizando sus costos en la sociedad. (Mantero 2004)
La noción del crecimiento se transparenta en la expresión de
Castoriadis ... más y más grande ya no equivalen a diferente y el más se
vuelve cualitativamente indiferente ... un incremento de producto bruto no implica diferencia cualitativa del estado precedente, tanto incide la producción de armamentos cuanto la producción de alimentos, incremento de magnitudes con prescindencia de su contribución a la satisfacción de las necesidades primordiales, identificables con el desarrollo de las facultades de la persona y las potencialidades de la sociedad.
Tal concepción alcanza con frecuencia a la actividad turística y se advierte cuando el desarrollo (de la afluencia y de la comunidad) se confunde con el crecimiento y el crecimiento con aquel que reportan las estadísticas de afluencia (personas, ingresos, inversiones), ponderando el desarrollo a partir de la premisa del más es mejor, apelando a las estadísticas para persuadir de los beneficios de la actividad, con prescindencia de sus alcances. No menos significativo es advertir los efectos indeseados producidos cuando se proponen tecnologías impropias o inapropiadas en relación a la actividad.
El crecimiento extraviado exclusivamente en lo cuantificable, se dirige hacia el más y más, que no necesariamente significa hacia el bien y mejor, pos~ulado por la seducción de las magnitudes, adoptando los indicadores que en su especificidad encubren sus limitados alcances sociales y las distorsiones ambientales con frecuencia producidas.
El desarrollo tiene implicancias y postula valores que trascienden
al mero crecimiento:
... el desarrollo es un problema de civilización
y la civilización es un estado de la sociedad
que garantiza a todos el máximo de facilidades
para más valer
En la elocuente expresión de J.-L. Lebret al plantearle como un problema de valorización de los hombres en un régimen de economía humana y de desarrollo integral equilibrado que supone el tránsito de una fase menos humana a una fase más humana, indivisible respecto de la persona e incluyente respecto de la sociedad, al ritmo más rápido posible y al costo menos elevado, que varias décadas después, y no menos paradigmas, reivindicarán las concepciones del desarrollo a escala humana, sustentable, sostenible, responsable.
Auténtico desarrollo cuyos atributos se consignan en términos de finalidad (al trascender el mejor estar y procurar el más ser, el más valer), congruencia (en la interacción de la diversidad de dimensiones y utilidades culturales), continuidad (en su tránsito del ayer al mañana), auto-propulsividad (en su garantía de impulsión motriz), indivisibilidad (en su inclusión e integración social). (Mantero 2004 a propósito de Lebret)
Tal concepción se torna necesaria cuando se plantean procesos de puesta en acción y en desarrollo de la sociedad, donde diferentes instituciones, incluso la Universidad, se constituyen en agente de promoción y desarrollo, sea en la formulación de proyectos integrales, sea en proyectos que remiten al diagnóstico y la proposición respecto de una actividad singular, tal el caso de la actividad turística, donde la contribución a su puesta en valor o en desarrollo turístico es menester que trascienda el recurso, el producto y el destino, se centre en lo primordial: la persona (usuario, habitante y visitante) y la sociedad (local y global). (Mantero. 1997)
El turismo, evocado y apreciado casi exclusivamente en su dimensión económica, puede y debe contribuir al desarrollo integral, de todo el hombre y de todos los hombres involucrados y concernidos en la actividad, de acceder:
. de la imagen a la realidad
. de la oferta a los satisfactores y posibilidades
. de la demanda a las necesidades y aspiraciones
. de la comercialización a la articulación y la cooperación
. de la meta de crecer al proceso de desarrollar
Construir turismo supone provocar flujos y generar destinos a través de concebir productos atrayentes que consulten las diferentes aspiraciones y propicien las más diversas actividades que les compensan y tal finalidad tiene para el convocado y el convocante el desafío de trascender los estereotipos dela imagen, de la oferta, de la demanda, de la comercialización y del crecimiento reproductivo.
La secuencia realidad - producto - imagen supone instancias comunicacionales de persuasión y convocatoria que con frecuencia producen distorsiones a través de la difusión de imágenes que desvirtúan el producto y de productos que ficcionalizan la realidad, por inconciencia y/o negligencia de los agentes y operadores turísticos con el corre lato de defraudar las expectativas y de producir insatisfacción en el turista.
La demanda y la oferta estereotipadas de consumos turísticos reducen las necesidades y los satisfactores de la actividad turística al consumo - tipo de objetos - tipo que realizan sujetos - tipo, con prescindencia de la multiplicidad de opciones que se expresan a través de la diversidad de sujetos singulares susceptibles de satisfacerse mediante objetos diferentes.
La aspiración del turista no se limita a lo inmediato de la actividad realizada y a lo básico del servicio requerido, objeto tipo de
consumo, sea trasladarse en el transporte, alojarse en el hotel, alimentarse en el restaurante o distraerse en la recreación, sino que comprende las calidades y las utilidades ambientales, significativas y vivencia les propias de una más plena satisfacción, acorde el nivel aspirado y el costo asumido, ya que en tanto persona y usuario excede el sujeto tipo de consumo, pasajero, huésped o comensal, y aspira a usufructuar de una experiencia integral.
La comercialización se concibe con frecuencia en acciones que o bien se limita a introducir una mera instancia de información y comunicación entre el demandante y el oferente, tal el pequeño agente de viajes, o se excede a instalar una deliberada instancia de sustitución de uno y de otro, al definir y promover el objeto tipo de consumo mediante una reducción tipológica de la diversidad de unos y otros, tal el mega operador turístico. De uno u otro modo, más allá de estudios de mercados invocados, se empaquetan demandas y servicios en productos susceptibles de oferta que, con similar frecuencia, reducen las oportunidades del oferente y las opciones del turista.
Menos frecuente es apreciar la mediación necesaria, en su sentido mas eficiente de generar cauces mas fluidos y apropiados a la necesidad de informarse y a comunicarse entre demandantes y oferentes, sin mengua de las aspiraciones de los unos y de las proposiciones de los otros, en alternativa que rescate la flexibilidad de la comercialización directa y el alcance de la comercialización indirecta
III. Territorio: globalidad y localidad
En estudios y comunicaciones realizadas se ha procurado plantear la relevante incidencia que adquiere la tensión de lo global y lo local en relación al turismo, consecuencia de un impacto mas incluyente del proceso de globalización cuando se desarrolla a expensas del necesariamente dialéctico proceso de localización.
Resultan sugerentes, en tal sentido, las reflexiones y advertencias de Bernard Vachon cuando da cuenta de los procesos de exclusión y desvitalización implicados en el devenir actual de las relaciones económicas y sociales entre los países y las gentes según sea su inserción en las tendencias actuales del crecimiento económico y del desarrollo tecnológico. Impacto cuya incidencia excede las posibilidades de los países y de las gentes signadas por condiciones de vulnerabilidad social y económica.
La inclusión - exclusión que se opera en el territorio se consuma y se advierte en la contracción del espacio para la producción, la concentración del crecimiento inducido y la esclerotización de las mentes políticas, en tanto la producción se dispone en el territorio en función de su economía, con indiferencia respecto de implicancias sociales, el crecimiento producido tiene destinatarios en sectores de los países de las economías promotoras y la concepción política de unos y otros países declina responsabilidades ante el asimétrico devenir de benéficos y perjuicios de una globalización desbocada.
El correlato de la exclusión es la des-vitalización que bien define B. Vachon al expresar: la des-vitalización de una comunidad se genera
cuando: se la despoja de su vitalidad demográfica, económica y social por su exclusión de los espacios del crecimiento económico y de las consecuentes repercusiones en el ámbito de los servicios, de los equipamientos y del bienestar.
Des-vitalización de refuerza el perverso ciclo perverso de carencias que generan carencias en proceso recurrente de creciente incidencia en la comunidad que pierde los atributos mínimos y necesarios para afrontar el proceso de degradación diluyendo las energías requeridas para garantizarse un umbral apropiado de equilibrio y despegue que permita la gradual reversión de la situación planteada.
Ya en la década del 60, J.-L. Lebret y J.-M. Albertini planteaban los mecanismos del sub desarrollo que tres décadas de crecimiento de la economía han obviado con resultados que permiten apreciar efectos asimétricos, efectos que no obstante ser indeseados se han tornado casi sustanciales a la modalidad de crecimiento adoptado.
En tal sentido, el proceso del devenir de la actividad turística, de intenso crecimiento en tal período, no es ajeno a similar impacto territorial, en tanto se sustenta de la aptitud emisora de territorios desarrollados y se apropia de la aptitud receptiva de territorios no desarrollados, sede de atributos naturales y culturales diferentes promovidos,en el territorio imaginario de las opciones turísticas.
La diferencial disposición emisora y receptora de los países en tal sentido se advierte también en la diferencial disposición turística en cada
uno de los países, reforzándose así la tendencia descripta, encauzando los beneficios atribuidos a la actividad turística a partir del imperio de la demanda o de la mediación de los agentes y operadores que la canalizan.
A nivel social y económico de los países y de las gentes concernidos, excluidos y des-vitalizados, es menester asumir el alcance político de la dimensión territorial y procurar el despegue a partir de la generación de procesos de inclusión y revitalización que permitan la reversión gradual y sostenida que posee en el desarrollo local y regional una opción apropiable.
El desarrollo local excede la referencia a la- posición en el espacio
y remite a la localización en el territorio de las actividades... el desarrollo local es producir y consumir de modo tal que las actividades de producción y consumo contribuyan a mejorar la calidad de las relaciones sociales... relaciones que se generan y se potencian cuando se comparte una definida vocación territorial a escala humana.
Si algo le hace diferir del eufemístico desarrollo global y define intrínsecamente al desarrollo local es su ajuste a las características y singularidades de cada territorio y comunidad, en tanto es una estrategia cuyos promotores y actores son los destinatarios,
que integra aperturas e innovaciones en las prácticas conocidas y que permite actuar en tiempos apropiados a las aspiraciones planteadas.
Sin perjuicio de la necesaria, no menos obvia, condición de disponer de atributos apropiados para la actividad turística que le singularicen, primordialmente naturales y culturales, la posibilidad de hacer del turismo una actividad de inclusión territorial y de re-vitalización social, expectativa estimulada en el discurso político al influjo de la prescripción publicitaria, incluso mas allá de probable y viable, radica en su concepción a partir de local en función de lo global... se trata de que los otros afluyan al destino generado y proyectado por nosotros pensando en aquellos, no tanto al destino concebido por terceros que se benefician de unos y otros, probablemente a expensas de los beneficios del habitante a globalizary de las expectativas del.visitante a localizar.
El turismo se sustenta en flujos entre orígenes y destinos y, aunque los flujos que se identifican y cuantifican son las personas que se trasladan, los flujos que le sustentan son los mensajes que comunican orígenes y destinos, habitantes - visitantes, visitantes - habitantes.
Si en términos de desarrollo local se plantea la premisa de pensar global actuar local, reivindicada por Jordi Borja en no pocas de sus contribuciones, a nuestro criterio en turismo, atento la interacción y la dialéctica que le hace posible mas le compete pensar global actuar local - pensar local actuar global, en tanto in-vocarel atributo local de destino supone con-vocar al destino global, sin obviar las singularidades que permitan articular el atributo propio con la aspiración ajena.
En consecuencia, al propósito de desarrollo turístico local le compete hacer suya la consigna dialéctica: pensar global actuar local pensar local actuar global, en tanto el atributo local del habitante adquiere valor global en función de la présencia del visitante.
IV. Desarrollo local: oportunidad y desafío
Si algo define la potencialidad que adquiere el desarrollo local para el territorio es la pluri- dimensionalidad de su concepción, de su realización y de su proyección, en tanto implica, involucra y articula espacio y sociedad y reivindica e integra dimensiones: territorial, social, económica, política, cultural e integral, en síntesis, sistémica.
Cada una de las dimensiones permite dar cuenta del atributo que el desarrollo local rescata y plantea, atributos que se tornan indispensable a la ruptura del círculo vicioso de la exclusión y de la desvitalización y a la generación de un ciclo virtuoso de la inclusión y la revitalización. Al desarrollo local dichos atributos permiten plantearse un proceso resiliente, haciendo potencia de la carencia, proyecto de la necesidad, en procura de su satisfacción a partir de los recursos disponibles y concebibles.
dimensión territorial
dimensión social
dimensión económica
dimensión política
dimensión cultural
dimensión sistémica
el escenario
la integración
la proyección
la participación
la identidad el tejido
El turismo, más allá de lo publicitado, no necesariamente es factor suficiente de desarrollo local, aunque concebido y planteado a
partir de tal concepción, puede' constituirse en actividad convocante visto y atento su aptitud cierta de rescate de realidades y potencialidades
subestimadas.
Reconocer el escenario en el territorio supone trascender su condición de soporte y de paisaje, apreciar la integración de la sociedad
implica concebir inéditas y propicias articulaciones, entenderla proyección de la economía significa apreciar su incidencia y alcance social,
asumir la participación en la política indica comprender la energía que
subyace en el consenso, comprender la identidad en la cultura nutre el
sentido de pertenencia y compromiso, conformar el tejido de personas e instituciones rescata la entidad eficiente, producto de asociar e integrar.
El turismo conforma una práctica social que se apoya en atributos naturales y culturales del territorio cuya puesta en valor les confiere calidad de recursos para el sustento de actividades y la generación de utilidades y beneficios a través de su uso y su goce, de su
producción y su consumo. Utilidades y beneficios de visitantes y habitantes, en tanto su puesta en desarrollo resulte primordialmente del aporte endógeno de la comunidad local y de la endogeneizacíón del aporte exógeno de la acción extra local.
A tal fin es necesaria la presencia y la actuación de los actores locales y el rol protagónico del agente de desarrollo, el portador de aquellas propuestas que mejor capitalizan las oportunidades locales.
V. Responsabilidad: Ética y Desarrollo
más ética es más desarrollo
Bernardo Klicksberg
La actividad turística no escapa a efectos indeseados y previsibles del impacto de las prácticas inadecuadas e impropias, producto de su espontánea expansión y su incontrolado crecimiento, en perjuicio de su integral desarrollo. Tal situación sustentada en la ingenuidad de las expectativas planteadas y en la obstinación de las realidades consumadas, no admite la inocencia de aquellos que tiene la responsabilidad de su devenir.
Incluir la problemática turística en el contexto de la ética no se puede limitarse a la adopción de un código ético por parte de la Organización Mundial de Turismo que el concibe a partir del interés del sector sino que requiere su consideración en función del interés de la
sociedad en propiciar la actividad turística como contribución al más pleno, plural e integral desarrollo de las personas y de la sociedad.
En tal sentido, Bernardo Klicksberg, a propósito de las implicancias de proyectos y realizaciones que invocan el desarrollo en nuestros países, señala urge construir un modelo de desarrollo integral productivo y equitativo orientado por valores éticos básicos.
Ética viene del griego ethos, lugar donde uno habita (lugar: primera naturaleza) y modo de ser (carácter, segunda naturaleza) y quien vive respetando y planificando ese ethos así como el de las demás gentes lleva una vida ética, en elocuente expresión de Carlos Díaz Hernández.
Actuar ética mente significa no sólo hacerlo con dignidad, sino con responsabilidad respecto de las consecuencias de su ejercicio, con compromiso respecto de las situaciones planteadas, las actividades realizadas y las proyecciones generadas, con respeto por la naturaleza y la cultura que confieren sentido al devenir compartido.
Valores éticos tales como la integridad, solidaridad, la cooperación, la responsabilidad, actitudes tales que inspiren y contribuyan a un desarrollo plural e integral, en condiciones que concilien crecimiento y equidad, signan el perfil de una comunidad y la concepción y el devenir de la actividad turística no puede ser ajena a tales principios.
De los efectos ambientales y culturales, sociales y económicos, indeseables de la actividad turística dan cuentan diferentes estudios a propósito de las modalidades adoptadas cuando se privilegian alternativas de ocio ajenas a los valores primordiales o cuando la utilidad del turista o el beneficio de la empresa se realizan en perjuicio del habitante o en disvalor de la sociedad.
La actividad turística no excluye las distorsiones que introduce la carencia de valores éticos cuando el turismo adopta modalidades que se realizan a expensas de la naturaleza o de la cultura degradando condiciones o atributos del ambiente, canalizando adicciones o generando espectáculos que afectan la dignidad de las personas, en síntesis afectando creencias o valores de la comunidad, paradójicamente haciendo del lugar de destino sede de actividades impropias del lugar de origen.
La alternativa se plantea entre la responsabilidad y la ¡nsolidaridad y ello adquiere sentido cuando es menester realizar las opciones que preceden a las decisiones y consecuentes acciones que, acorde reflexipnes de Klicksberg, plantean arbitrajes al ponderar si las acciones:
. integran o desarticulan el territorio
. conducen a impactos regresivos o progresivos
. debilitan o fortalecen el tejido social
. propician la solidaridad o la insolidaridad
. encauzan o bloquean la proyección económica
. acreditan la eficiencia y la transparencia
Si los valores éticos de los actores sociales claves son parte de los recursos productivos de un país, se impone plantearse la agenda de las cuestiones que es menester contemplar al plantearse el desarrollo y la contribución del turismo al desarrollo, contemplando:
. la coherencia de las políticas con los valores éticos
. la responsabilidad social de la empresa
. la eticidad de la función pública
. el fortalecimiento de las organizaciones voluntarias
. el desarrollo de la solidaridad general
sin perjuicio, en relación a la actividad turística, de asumir:
. la proyección plural e integral de la actividad
. la sustentabilidad cultural, social y económica
. la sustentabilidad ambiental en tiempo y espacio
La ética nos interpreta y nos interpela en relación a nuestras acciones y realizaciones, en tanto a través de nuestras opciones damos y rendimos cuenta de los valores asumidos. La construcción de un turismo responsable es el modo de traducir los valores éticos en la actividad específica, tal premisa no puede estar ausente del saber y del hacer turismo y ha de estar presente al concebir la política, al gestionar la acción, al usufructuar el recurso, al prestar el servicio, en fin no puede desconocerse que ejercer profesión es realizar valores.
VI. In-conclusión
El propósito de generar o incentivar opciones turísticas instala necesariamente la cuestión del desarrollo, plantea a al agente de desarrollo y a la comunidad el desafío de asumirse y asumir los atributos que en su territorio acreditan la naturaleza y la cultura, para conocer,
conocerse y darse a conocer, en la premisa de que proyectar el destino exige saber para actuar.
A nuestro criterio, contribuir al mejor devenir de la actividad turística implica comprender que ubicar no es localizar y crecer no es desarrollar y entender que incluso en turismo el desarrollo local constituye modo idóneo de desarrollar y localizar. endogeneizando proposiciones, acciones e inversiones interesadas en hacer objeto de producción y consumo los atributos de la localidad.
La ética no es un discurso, la ética es una práctica social. La libertad implica ser responsable, creando ámbitos que posibiliten la. acción e interacción conformes a valores que nos permitan acercamos cada vez más a todo lo que consideramos necesario, conveniente o deseable, en atinada reflexión de Díaz Hernández.
Asumir la ética en relación al desarrollo turístico trasciende la concepción de la política y se torna premisa estratégica que propicia valores inclusión y re-vitalización a través la puesta en curso y en cauce de la actividad a través de asumir las necesidades como potencialidades confiando la agencia de su devenir a los propios sujetos organizados, acudiendo a profesionales que asumen el problema o el desafío como propio, apelando a un modelo de concepción y gestión social del desarrollo.
conmover - provocar - convocar
en función de un mejor desarrollo
de la persona y de la sociedad.
breve epílogo para docentes
La cultura es el ámbito básico donde una sociedad genera valores y los transmite generacionalmente. De aquí en adelante, en expresión de Edgar Morín, el futuro se nomina incertidumbre... por tanto la educación se ve obligada a proporcionar cartas náuticas de un mundo complejo y en perpetua agitación y al mismo tiempo la brújula para navegar en él, en original proposición de Jacques Delors.
El modelo de acción social implícito en nuestra opción por el desarrollo local, en congruente y sugerente definición de J. García Roca
se identifica con el arte de la navegación, que determina su trayecto en función de las señales que se perciben en el propio camino, hay puerto (finalidades) pero no se sabe el camino... el saber nos da la cartografía, los valores constituyen la brújula, la acción nos exige inventar posibilidades que la realidad admite para mejor acceder al desarrollo plural e integral.
Nota
(1) Artículo producto de la presentación realizada al Seminario de Pesquisa em Turismo do Mercosur.
Bibliografía
Albertini, J.-M. 1967. Les mecanismes du sous-developpement. Economie et Humanisme. Editions Ouvrieres. Paris
Arocena, José. 1995. El desarrollo local. Un desafío contemporáneo. Editorial Nueva Sociedad. Caracas.
Balastreri Rodríguez, Adyr. Patrimonio, territorio y emprendedorismo: pilares del desarrollo del turismo con base local. En revista Aportes. Año
7 vol 2. CIT. Universidad Nacional de Mar del Plata.
Borja, Jordi - Castells, Manuel 1997. Local y global. La géstión de las ciudades en la era de la información. Taurus. Madrid.
Díaz Hernández, Carlos. 2004. Pedagogía de la ética social. Para una formación de valores. Editorial Trillas. México.
Etkin, Jorge. 1993. La doble moral de las organizaciones. Los sistemas perversos y la corrupción institucionalizada. Me Graw HiII. Madrid. Kisnerman, Natalio. Compilo 2001. Ética, ¿un discurso o una práctica social? contribución Ética, ¿para qué? Paidos. Tramas Sociales. Buenos Aires.
Klicksberg, Bernardo. 2002. Más ética, más desarrollo y Fondo de Cultura Económica - Buenos Aires.
Garcia Roca, Joaquín. 2001. La navegación y la fisonomía del naufragio. El aspecto moral de las profesiones sociales. En Kisnerman, Natalio. Compilo
Lebret, Joseph Louis. 1967. Dinamique concrete du developpement. Economie et Humanisme. Editions Ouvrieres. Paris.
Mantero, Juan Carlos. 2004. Desarrollo local y actividad turística. En revista Aportes año 8 vol 1. CIT. Universidad Nacional de Mar del Plata. Max Neef, Manfred. 1993. Desarrollo a escala humana. ed Nordan Icaria. Montevideo
Morín, Edgar. 2002. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Nueva Visión. Buenos Aires.
Munne, Frederic. 1980. Psicosociología del tiempo libre. Un enfoque crítico. Editorial Trillas. México.
OMT.1999. Código ético mundial para el turismo. OMT. Madrid.
Tello Rozas, Sonia. 2002. Turismo, pobreza y desarrollo. En revista de ALCUTH n21. Universidad San Martín de Porres.
Vachon, Bernard. 2001 (1993) El desarrollo locál. Teoría y práctica. Reintroducir lo humano en la lógica de desarrollo. Ediciones Trea. Gijón.
|